el beso de Icaro
-¡¿Acaso
eres idiota? Tal vez sea la última vez que lo verás…- Fabiola
se reprendió mentalmente más de una vez.
A
Fabiola aún le faltaba un año para terminar la preparatoria, pero Eduardo, ya graduado,
le comentó una noche antes que vendría a visitarlos justo el primer día del
nuevo ciclo escolar. Ahí estaba él, aguardando a la salida con aquella sonrisa
de ensueño que a ella enloquecía. Todo fluía, Eduardo saludó con esa calidez
tan suya, hasta que el “todo” fue interrumpido abruptamente por la actitud
hostil de la prima de Eduardo.
Fabiola
no comprendía la razón, ni siquiera compartían el mismo año de estudios.
-¿A
dónde vas Fabi?- preguntó desconcertado Eduardo.
-Lo
siento me tengo que ir …. – a Fabiola le provocó náuseas ver un brillo de
tristeza en los ojos de él pero prefirió alejarse.
En
la parada del autobús, mientras esperaba a su madre, no pararon de llover sus
arrepentimientos. De pronto miro hacia una plaza cerca de su punto y se percató
que Eduardo caminaba solo con un amigo, quizá también caminaba su última
oportunidad. Corrió como si fuera a
rescatar al último resplandor del atardecer antes de que la noche lo aniquile,
aquel resplandor era ese hombre.
-¡Eduardo!-
gritó.
-¿Fabi,
qué sucede?- preguntó sorprendido.
-Quería
verte antes de irme… te voy a extrañar
en la prepa, me escuchabas hablar acerca de mis libros sin nunca aburrirte …
-
Ay yo también Fabi, eres muy linda conmigo, sabes extrañaré incluso mirarte…
En
ese momento se abrazaron, los brazos de Eduardo parecían una enredadera
aferrada a la cintura de Fabiola, de alguna manera daban la impresión de una casita
de campo, un pequeño hogar. Los ojos de
él como planetas se alinearon a lunas de ella. Nada caía de su órbita. ¿Qué
hacer para quedarse atrapados en su resplandor?
Porque inevitablemente la noche podría devorarlos.
-.Bueno…
-sonrió Fabiola- ahora sí debo irme…- trató de romper esa enredadera pero él no
permitió su despedida, la apretó hacia él con aterradora y excitante fuerza.
Entonces
el mundo podía declararse guerras, los relojes explotar y una última rosa
plateada marchitarse, pero el tiempo sobreviviría dentro de ellos, él acercó
sus labios, así el beso de Ícaro apareció escrito. El último resplandor murió y la cruel noche reinó,
dos corazones en silencio se rompieron.
Sin
embargo, siete tatuajes de ella y un tatuaje de lobo de él después, encontraron
vestigios de ese resplandor, de su primer beso, del beso de Ícaro, ¿o los
juegos mentales creaban trampas maestras ahora con la edad? ¿O la fluoxetina
que ella tomaba llegaba a un exceso funesto?
Tenían
historias de por medio, pero era un hecho, brotaba una atracción aún, en cada
esquina de su nueva vida, sin duda. Amigos que juegan a quererse…
Debería
dejar de clavarme… se aconsejó Fabiola de veinticinco.
“¡¿Acaso
eres idiota!? Tal vez sea la última vez que lo verás”. Le
gritó la adolescente de diecisiete en su interior. Esto de pelear con uno
mismo, con su yo de otros tiempos…lucha de leones, por eso nos aferramos o
rendimos.
La
vida ya no es tan sencilla como antes. Asustada veía que hablaba sola.
Estaba
cansada de ilusiones, aunque ahora no se sentía así, sino un recuerdo vivo en
el presente. Todos los caminos llevaban hacia aquel resplandor, todas las
miradas llevaban hacia Eduardo, ¿aún la miraría de lejos?
Dios,
o quien fuera, con tedio o diversión, o solo porque sí, mientras tenía
conversaciones con Eduardo, un día él propuso hora y día. Ella no confiaba que
realmente pasaría, tal vez solo le jugaba una broma, o según nuevas normas sociales
de esta Era del Vacío, planes siempre cancelados de último minuto. A pesar de
sus estupideces de juventud, algunos destellos de iluminación permitieron a
Fabiola no emocionarse de más. Pero fue cierto, de una hora a otra, estaba en
el carro de Eduardo; y él no paraba de mirarla.
Verlo
de nuevo, en todas sus vidas y versiones pasadas de sí misma jamás había
olvidado sus ojos. Aunque sí había olvidado su voz, volando entre vagones de
recuerdos, resucitó. ¿Qué año
respiraban? El hoy con vestidos azules de ayer paseaba por las calles, ellos,
fueron otras personas con el corazón de esos años, pasaron juntos la mañana que
duró un segundo, no se besaron solo una vez sino muchas veces; no había
explicación, después de tantos años retomaban lo abandonado. Justo para el
último beso regresó la adolescente a reprochar a la mujer, pensando que sería
otro adiós definitivo. En el carro
escuchaban Invisible string de Taylor Swift, Fabiola había ganado la
disputa de la radio en contra del favorito de Eduardo: Coldplay.
“¡¿Acaso
eres idiota!? Tal vez sea la última vez que lo verás- Y
Fabiola de veinticinco obedeció a la de diecisiete, besó a Eduardo y él
respondió, el sabor de sus labios, igual de exquisito, incluso mejor que en esa
vida pasada que juntos compartieron, tuvo otro sabor, agridulce, extrañamente
más a dulce, no parecía a un adiós, más bien tenía sabor a un hasta pronto con
un toque de pasión, ¡Demonios deseaba que la hiciera suya!
El
mejor beso para Fabiola hace ocho años, pero también hoy, en contra de sus
historias en medio, no importaban cuando vivía dentro del resplandor, cuando
vivía dentro de ese hombre. Existían tantos
colores cuyos nombres apenas pronunciaba o conocía. Esperaba con ansia el
siguiente encuentro, un segundo se volvían ocho años extrañando a Eduardo, y
ocho años a un segundo de la promesa del sabor “hasta pronto” en sus labios,
pero nunca se sabía…
Eduardo
y Fabiola, piezas de aquel beso de Ícaro, un resplandor de tiempos, vidas y
colores.
Semblanza: Krizia Fabiola Tovar Hernández nació
en el Estado de México, en 1996. Algunos de sus escritos aparecieron en las
revistas Reflexiones
Alternas , Poetómanos, Prosa Nostra mx, revista enpoli, Teresa MAGAZINE, revista literaria
pluma, pretextos literarios, revista
hispanoamericana de literatura, revista literaria monolito, Más literatura,
clan Kutral, vertedero cultural, circulo literario de mujeres, perro negro de
la calle, el morador del umbral, La
página escrita, La liebre de fuego, y El templo de las mil puertas, entre otras. Estudió la licenciatura en Ciencias Humanas
en el Centro
Universitario de Integración Humanística.
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