Me parezco mucho a tu gran amor, pero solo eso diré: me parezco. Mi recuerdo lo guardas como oro blanco en una vitrina lujosa. Pero yo olvidé tus estudios, tu buen nombre y tu cuerpo. Y tú, que a mi cuerpo vuelves a sentir, recordando cada tatuaje, como quien repasa un mapa de un país lejano de la memoria. Yo, en cambio, me deshabité de ti. Me preguntas qué recuerdo de aquella tarde, y es triste mi respuesta. Pero sí recuerdo que los chicos siempre se quieren ir primero de la habitación del hotel. Me quieren dejar sola en ese frío tan particular. No me invitan a sus carros para regresar juntos, y me llevo los aromas conmigo porque no me quiero quedar sola allí. Y entonces me juzgan. Lo único que recuerdo de esa tarde contigo fue el después, el después del sudor y el placer. No era un motel: era tu habitación. Desnudos, te sentaste a mi lado y yo, acostada como la margarita empapada sin pétalos. Y me miraste a los ojos, tu beso tierno. Te dije que pensé que nunca volvería a verte d...