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Wildfell Hall

 Todo el mundo habla de Cumbres borrascosas, pero yo conozco de sobra, los amores que disfrutan llenar tu cielo de tormentas y tu cuerpo de vacíos y ecos. ¿Conoces a la tercera hermana Brontë? Yo estoy leyendo en etoss días  a finales de enero cuando tú regresas entre el frío y los días soleados. La inquilina de Wildfell Hall — y Anne Brontë me explica el alma, y yo no puedo explicarte mi tristeza después de cada página. ¿Por qué me encuentras hostil cerrando las puertas y ventanas de nuestra mansión? ¿Por qué de repente dejo de decirte amor? Me da miedo no encontrar después las cartas que me escribes diario, pero tu aire libre de cadenas me vuelve a conmover. Sé que ahora me necesito a mí misma para quererte, y tú haces maravillas en Wildfell Hall, como Gilbert Markham no deja de fascinarse por Helen Graham. Aunque a veces no sé cómo explicarte mi huracán de emociones al terminar de leer un capítulo, tú sigues todavía aquí… Autora: Bello Cuervo

Tatuaje serpiente entre lirios

 Si por un momento creyera en tus confesiones de amor, si a ti no te importa mi labial negro… ¿Te gustaría escuchar la historia detrás del tatuaje de la serpiente entre lirios y por qué no confío en nadie? No escondas a otra mujer por ahí, no escondas sus semillas y retoños en su vientre, ya estoy cansada de mis errores, de no ser la única, no escondas… no mientas… ¿Tus dedos acariciarían la herida que palpita? Mi piel se ruboriza, y aún más mi corazón, que quiere abrirse contigo… pero todavía no sabe cómo. Autora: Bello Cuervo

Lluvia de versos

 Ambos desaparecieron en una poesía: lobo y  cuervo se volvieron lluvia de versos Nadie supo en qué momento. La tormenta los deshizo con la ternura con que antes se miraban, hasta que no quedó rastro en sus cuerpos ni en sus corazones, salvo un cariño que no se deja ir. Se volvieron lluvia de versos, desapareiciendo en una poesía, y nadie volvió a saber de ellos... Autora : Bello Cuervo

Con él sí

¿A qué hora te atreverías a escucharme todo? Podría decírtelo en un restaurante, entre servilletas dobladas, o en un parque lo bastante alejados.  Es una historia simple: tú la querías. Ella no. Pero tu amigo también. Ella a él sí. Ellos tuvieron esa historia pequeña que a ti te faltó, que tanto deseabas. No me malinterpretes: nadie te engañó. Lo de ellos empezó mucho después. Y aun ahora él la sigue buscando. Pero ella — corazón desconfiado, corazón ya roto — no ha vuelto a abrirse. Y tú lo sabes. Porque una vez —¿te acuerdas?— él te vio rompiendo con ella como si no te doliera Lo suficiente. Años después volviste a buscarla. A ti te cerró la puerta. A él se la abre siempre. Esta vez, no. A pesar de su bondad, Vive en Wildfell Hall. Autora: Bello Cuervo

Persistencia de lobo

Tu lobo me reconoce. Y tú… todavía no me dejas ir. Terminó la prepa. Su costumbre de buscarme no. Autora: bello cuervo

Bosque

Tatuaje de lobo Sobre tu corazón, me llama. Yo huyo de la manada, pero tus lobos corren tras de mí. Estás tan distinto que desconfío del viejo juego con máscara nueva. No quiero, ¿me oyes?, no quiero otra vez la vergüenza ardiendo en mi nombre. ¿Es este otro bosque o la misma trampa? ¿Por qué ahora nombras lo que antes callabas? ¿Por qué ahora te atreves a mostrar tu amor? Tus lobos, con sus ecos — no te quiero dejar ir — me cercan. ¿Vendrán también a encajarme los colmillos? Este bosque ha de ser mi hogar… o mi tumba. Autora: Bello Cuervo

Soy tu recuerdo

 Me parezco mucho a tu gran amor, pero solo eso diré: me parezco. Mi recuerdo lo guardas como oro blanco en una vitrina lujosa. Pero yo olvidé tus estudios, tu buen nombre y tu cuerpo. Y tú, que a mi cuerpo vuelves a sentir, recordando cada tatuaje, como quien repasa un mapa de un país lejano de la memoria. Yo, en cambio, me deshabité de ti. Me preguntas qué recuerdo de aquella tarde, y es triste mi respuesta. Pero sí recuerdo que los chicos siempre se quieren ir primero de la habitación del hotel. Me quieren dejar sola en ese frío tan particular. No me invitan a sus carros para regresar juntos, y me llevo los aromas conmigo porque no me quiero quedar sola allí. Y entonces me juzgan. Lo único que recuerdo de esa tarde contigo fue el después, el después del sudor y el placer. No era un motel: era tu habitación. Desnudos, te sentaste a mi lado y yo, acostada como la margarita empapada sin pétalos. Y me miraste a los ojos, tu beso tierno. Te dije que pensé que nunca volvería a verte d...