La niña de los patines y libros
No escondes la sombra de otra mujer más joven que yo. En tu aura no existen comparaciones, tenemos veintinueve y así me quieres. No moriré en las calles de Reforma otra vez. Y esa certeza , tan simple, tan limpia me trae una paz antigua, el amor no es un campo de batalla ni un cielo de tormentas. Tú también pides que mis caricias recuperen la memoria de tu nombre, únicamente tu nombre, y lo respiren despacio y en calma como si fuera nuestra primavera otra vez. Me recordaste que soy especial. Y me devolviste intacta a mis propios ojos, a pesar de mis errores y grietas. Como en aquella fiesta cuando me acerqué a ti, siempre fueron tus ojos casi negros, amables y cálidos, detrás de una broma cruel, los vitores y los muchachos que nunca acepté. Así, te pareces mucho a mi gran amor. Fui la niña de los patines, la que giraba y saltaba en preparatoria a la sombra tibia de los aplausos. Fuiste tú el único a quien le abrí el mar de la multitud. A q...