El moñito rosa
Llegaste con un moñito rosa, como si alguien hubiera querido envolverte antes de poner mi destino en mis manos. Ese moño fue la primera página, la primera promesa: que el amor podía ser constante. Te amé desde aquel instante, pequeña colmillo blanco. Desde aprender tu nombre — ¡LUKA, LUKA!— desde contar el sonido de tus patitas, desde ordenar mi día según tu hambre y tus sueños. Mi vida se volvió tu color: rosa. Fuiste la sorpresa en mi rutina, mi forma favorita de volver a casa. Dormías cerca, velando mi tristeza, como si supieras que amar también es vigilar la herida. Cuando el mundo se volvió hostil, por hombres crueles, tú seguiste siendo bondad. ¿Ahora qué hago sin ti? Pienso en el inicio. Pienso en el moñito rosa. Cuando yo temí, tú te quedaste. Pequeña guerrera. Ahora el moñito rosa vive en mi memoria como reliquia preciada: la prueba de que el amor existe y que alguna vez lo tuve para mi vida. Si amar es recordar los detalles, entonces te amo. Si amar es seguir hablándote ...