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Silvina y los perros

 Has embalsamado a tus nueve perros  como yo a la mía.  bastó pluma y poesía, la vanidad de la escritura,  la decisión desesperada, la palabra desafiante de la cadena infinita de dolor.  No es la negación,  la plegaria a la foto del amor más puro,  ¡Ayúdame a sobrevivir! ¡Oh te comprendo querida Silvina! es la cicatriz de Cipariso que besa nuestra lucidez herida desde la sombra de su árbol.  Entiendo tus letras,  embalsamiento para perros, la última esperanza que murió,  la inmortalidad desesperada de la muerte, para que no nos deje su ausencia desagarradora. Aprendiste su ternura de la forma más cruel,  letras que embalsaman mi amor por la eternidad,  vanidad de escritora, capricho desesperado que sólo la poeta Silvina Ocampo comprende de mí. Autora : Bello Cuervo 

La música y tú

 La música y tú En el capullo de un verso todavía tibio nace una mariposa. En sus alas encuentro tu nombre, posado en la melodía de una canción. Entonces un latido lo atrapa, suave y desgarrador, entre sus labios, abriéndome el pecho. Te pienso. De pie, vestido de negro. Pienso en el beso que te di y en mi peso cayendo sobre tu cuerpo, que imagino a tiento. Tuya me pienso. La música me ha hecho pensarte, imaginarte, extrañarte. Con tu nombre me descubro floreciendo entre canción y canción. Por que tú tambien me piensas Siento mi nombre en los labios de tu latido, Te pienso en una canción. Te pienso. Aurora: Bello Cuervo

El cipres de pimienta

Molestaba a las plantas de su mamá sin saber que se convertiría en una. Disfrutaba mordisquearlas, olfatearlas y golpearlas con sus patitas. .¡Nena, deja mis plantas en paz!- gritaba su humana, quien la amaba como a otra hija. Le duraba poco el enojo, después, la invadía de besos y tomaban su siesta juntas por las tardes. Nena, de raza schnauzer sal-pimienta, vivía con una señora de avanzada edad desde cachorrita. Fue el regalo de cumpleaños de uno de los hijos de la señora, quien la desafió aún en contra de los años en que renegó la entrada a perros. Nena, por alguna cuestión prácticamente mágica, la conquistó desde el primer segundo cuando llegó con su moñito rosa; la cachorra la miraba como a su mamá, le dedicaba escenas de celos cada que sus hijos venían a visitarla. Si bien, en el último cumpleaños de su mamá pactó una tregua con los hijos para robarse, en un descuido, el pastel sabor piñón. En la sala permaneció colgada la fotografía como evidencia del crimen. Nena cu...

Castillo

Mi último deseo es recuperarte, pero ya no soy cuerpo: Mi propio fantasma habita la ruina de un castillo antiguo que un día me perteneció. ¿Dónde quedaron los últimos veintidós años? ¿En qué grieta del tiempo se extraviaron las personas que fuimos? ¿Papi, dónde quedó nuestro castillo? Ahora somos fantasmas, Arranca de mi pecho este mayo, donde todo se quebró. El césped se volvió duelo, Mariposas de agua revolotean alrededor, y las paredes —de un azul  muerto parecían llamarnos por nuestros nombres perdidos. Ya no es. Ya no está. Pero persisten sus pasadizos como corredores de la memoria. Somos fantasmas. Le suplico a la niña que fui que no me suelte la mano. Este castillo es la edad del juego, las risas empapadas, Dedos colgandose en la orilla antes de caer. los delfines y sirenas nadando en el agua  donde aún respiran mis sueños, mis historias. Pero no. Ese lugar tan mío, tan nuestro, no resistió el tiempo. Hoy, el castillo de mi infancia es ceniza que todavía quema. Autora: ...

Los perros que miran la guerra

 Campo de nieve y verde marchito, cielo que llora su eterno gris, la memoria de la historia que me olvida, entre millones de cadena de silencio y guerra. Mis ojos negros se apagan con lágrimas de abandono, con el frío de quien me amo, y mi cuerpo yace, uno más, sobre el asfalto. ¿Acaso no fui tu amigo más fiel? ¿Tu familia guardiana de tu fuego? ¿Eres tú a quien juré lealtad, y hoy no me queda más? Te esperaba frente a la puerta me tomaste entre tus brazos y en cuarto blanco, Orfeo tocó su lira para mí. La noche escuchó mi último aullido para ella, la luna conocía mi destino antes que yo, en los escombros de un edificio, por los pájaros de acero de tu especie, yo solo deseaba la paz junto a ti. Autora : Bello Cuervo Krizia Tovar 

Victima anonima

 Soy el rostro de la guerra, sin nombre, sin importancia. Pero soy. No comprendo de colores ni banderas, ni de discursos, política o fronteras; pero comprendo más que tú: tu propia humanidad. Cruel y piadosa, de ruinas y de templos, ¿dónde estás ahora? ¿Me encadenaste a tu olvido? ¿A los juegos y noches tibias? ¿Te olvidaste de nuestra paz? Siento frío, y mi patita mutilada. El miedo roe mis huesos, pero aguarda: aún te buscaré. No me he olvidado de ti. Ni en la muerte, siquiera, lo haré. No me olvides, te lo imploro, bajo el fuego del cielo, entre el niño que clama por su madre, junto al soldado caído. Escucha mi alma en el aire salado del mar: mi ladrido que ya no suena es el amor abandonado. Soy el rostro de la guerra, sin nombre, sin importancia. Autora: Bello Cuervo Krizia Tovar

Una extraña en el aeropuerto

 Tus amigos enamorados guardan anillos de compromiso en los bolsillos de sus abrigos elegantes. Otros cantan canciones de cuna. Y tú tomas el primer vuelo, sola. El azul rasgado de tu pared, una maleta pequeña, las tres de la mañana. Extraños conocerán tus poemas: es apenas el comienzo de tu nueva vida. El aeropuerto no conoce tu suburbio de origen, tampoco le importa tu nombre. Eres una extraña entre pasillos y puertas. Vuelo 145 a Guadalajara y, por fin, conoces el rostro de la libertad. Entonces existe algo más que la muerte de los corazones rotos, el llanto sobre la almohada, el abandono, la ansiedad, y tus pequeños logros. Necesitas más que anillos y cunas. Más que amor. Más que vida. ¡Necesitas más! Conoces otro aeropuerto extraño. Saludas a un chico desconocido Su nombre es Abraham, 26 años. Te despides tomandole la mano, ¡adios amigo extraño! Vuelo 140 a Ciudad de México. 6 de la tarde. Y, de pronto, tú eres la extraña en tu propia vida. Necesitas más... Autora: Bello Cuerv...