La compañía del anónimo,
el nombre de alguien , el rostro de nadie,
nadie quiere leer mis poemas,
dedicados a nadie.
Porque no soporto más compartir ni la mesa ni la cama,
Encontré a una verdadera musa,
Nadie me da un cambio a medias ,
Ni me regalan dadivosos su tolerancia benevolente.
Estoy con la mejor compañia,
La soledad que me cobija,
Con sus alas que vuelan sobre el celeste,
Y guardan los secretos de mis grises,
Me besa entre sus claroscuros
Su correspondencia formidable es todo lo que alguna vez necesité
Y por fin descanso en paz
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