Venganza, levedad y peso.
Él escondió un hijo
y a una prometida más joven que yo.
No fui su amante ni su esposa:
mi cuerpo ha sido camposanto de otros hombres.
El noviembre pasado murieron todos los lirios,
sus cuerpos marchitos no me tientan.
Solo quiero cobrar mis intereses,
la venganza de mi piel usada,
que un cuervo lo persiga en sus nupcias,
por robarme los relojes de mi casa
y mi dinero que guardaba para su familia.
Castigo por ser prisionera de su viento.
La caída me aplastó con todo su peso;
las astillas de mis huesos
se arremolinan, sedientas de su pulso encarnado.
¿Y aún así creen que me enamoran
después de tu insoportable levedad del ser?
Yo, que fui el libro pesado de Ana Karenina en la maleta,
la maleta cruzando tu puerta,
los brazos aferrados a una espalda
después del sexo.
Me acaricio la piel en la cama
pensando en la soledad,
para no pagar cuentas a nadie,
para no columpiarme en vaivenes y caprichos,
y que vientos gélidos de obsidiana
me vuelvan a cortar la piel.
El silencio, luego de la catástrofe,
es lo único que pagaré por mi paz.
Autora: Krizia Fabiola Tovar Hernández
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