La herida del cuervo
El cuervo escupe llamaradas.
Sus ojos arden en rojo sangre,
rodeado por su propio bosque de fuego y dolor.
Desconfiado y triste,
presa de un sufrimiento eterno,
clama justicia,
clama venganza.
Nadie lo escucha.
¿Nadie?
Es su propia víctima
quien se acerca
sin que el fuego le cause daño.
El cuervo fue el demonio
entre sus nupcias,
acosando sus pesadillas,
pero fue presa de sus propios tormentos.
Ella, cansada del demonio,
se acerca compasiva
a arrancarle el corazón.
Le otorga el perdón
que le abrirá la puerta del cielo.
La herida se cierra para pudrirse,
se seca en la piel muerta.
Muere el cuervo
en paz absoluta…
Autora: Bello Cuervo
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