La casa y la desaparición

Él tiene conocimiento de mi muerte

desde que mi perrita también murió.


Sabe que odio los lirios en la mesa:

esconden veneno de serpientes.


Él entiende todo.

Sabe que no confío.


Vivimos en Wildfell Hall,

en una casa frente al río

donde puedo pintar versos.


Me escondo en mi escritorio

y, muy a lo lejos,

todavía se escucha la voz del mar

apenas en un murmullo.


A mis amigos no les importa

que he desaparecido.

Pero no estoy sola.


Él construye y repara la casa.

No lo ha dejado de hacer en su vida

 aunque yo me vaya.

No se lo he pedido.


No sé por qué no se va.

No quiero que lo haga.


Él conoce

mi corazón desconfiado.

Desaparece conmigo.

Sé que no sueña.


Mis poemas vuelan

por toda la casa

sin que él se moleste.


A veces pienso

que cada carta que me escribe

es un pequeño puente

hacia mi corazón.


Es el diario de un amor

que apenas

se construye.

Si la tormenta destruye la casa,

al menos diré

que nunca pasó nada.


Y si él cumple mi sueño

de tener un cielo rosa y dorado

cubriendo nuestro techo,

sabré entonces

que este diario que escribimos

nunca podrá ser destruido.



-Bello Cuervo

Comentarios

Entradas más populares de este blog

El mito de la felicidad

De Argos a Luka (El amor debería ganarle al dolor)

La sirène bleue (saga rosa azul)