La niña de los patines y libros

No escondes la sombra de otra mujer 

más joven que yo. 

En tu aura no existen comparaciones,

tenemos veintinueve y así me quieres.

No moriré en  las calles de Reforma otra vez.


Y esa certeza , tan simple, tan limpia 

me trae una paz antigua, 

el amor no es un campo de batalla ni un cielo de tormentas.


Tú también pides  que mis caricias

recuperen la memoria de tu nombre,

únicamente tu nombre,

y lo respiren despacio y en calma

como si fuera nuestra primavera otra vez.


Me recordaste que soy especial.

Y me devolviste intacta a mis propios ojos,

a pesar de mis errores y grietas.


Como en aquella fiesta cuando me acerqué a ti,

siempre fueron tus ojos casi negros,

amables y cálidos, detrás de una broma cruel,

los vitores y los  muchachos que nunca acepté.

Así, te pareces mucho a mi gran amor.


Fui la niña de los patines,

la que giraba  y saltaba en preparatoria

a la sombra tibia de los aplausos.


Fuiste tú el único

a quien le abrí el mar de la multitud.

A quien le confié mi cielo.


Había olvidado wque sé volar

demasiado cerca de las estrellas.


Y ahora,

detrás de los nuevos aplausos

a mis  poemas y letras,

con esta desconfianza

que me tiembla en las manos,

eres el único

a quien quisiera

creerle intactas

sus confesiones de amor.


Autora: Bello Cuervo

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