El cipres de pimienta
Molestaba a las plantas de su mamá sin saber que se convertiría en una. Disfrutaba mordisquearlas, olfatearlas y golpearlas con sus patitas. .¡Nena, deja mis plantas en paz!- gritaba su humana, quien la amaba como a otra hija. Le duraba poco el enojo, después, la invadía de besos y tomaban su siesta juntas por las tardes. Nena, de raza schnauzer sal-pimienta, vivía con una señora de avanzada edad desde cachorrita. Fue el regalo de cumpleaños de uno de los hijos de la señora, quien la desafió aún en contra de los años en que renegó la entrada a perros. Nena, por alguna cuestión prácticamente mágica, la conquistó desde el primer segundo cuando llegó con su moñito rosa; la cachorra la miraba como a su mamá, le dedicaba escenas de celos cada que sus hijos venían a visitarla. Si bien, en el último cumpleaños de su mamá pactó una tregua con los hijos para robarse, en un descuido, el pastel sabor piñón. En la sala permaneció colgada la fotografía como evidencia del crimen. Nena cu...